lunes, 25 de noviembre de 2013

El escalofrío de la belleza
Platón nos menciona que estamos sometidos a dos “maestros” exigentes los cuales son el placer y el dolor pero acaso ¿estos “maestros” nos enseñan a vivir y sobrevivir?
Sinceramente y desde mi particular punto de vista creó que es así ya que siempre estamos sometidos – y no físicamente hablando – a los placeres y a los dolores.
El placer - hablando físicamente - puede ser una sensación agradable, a través de los sentidos, pero también podemos obtener ese bienestar mediante todo aquello que sentimos como aprobación. Los placeres de la sensación y de necesidades físicas, pero esos placeres y los que más gozamos los humanos son de aquellos que están dominados por la razón ya que al realizarnos.  
Además de los evidentes placeres de la sensación y de la satisfacción de necesidades físicas, ¿hay también placeres de la razón?
También existen placeres denominados de la razón, estos nos causan placer al realizar una acción generosa, valiente, etc.
Podríamos decir que además de sensaciones agradables, como es demostrado en los placeres de la razón, lo “bueno” también nos causa placer.
La belleza es una satisfacción sensorial, pero también interviene la razón. Se diferencia de otros placeres ya que, como se afirma anteriormente, está relacionada con los sentidos y con la razón al mismo tiempo.
La belleza es placentera aunque no sea útil o “buena”. Lo bueno, también es reconfortante, ya que hacer algo bueno, nos produce un sentimiento de placer.
Es curiosa la declaración de Kant, que supone algo “bello” cuando consideramos que tiene derecho y mérito suficiente en sí mismo para ser considerado así por todo el mundo, aun cuando sabemos que el concepto de belleza es terriblemente subjetivo.
También es interesante, y la comparto, la opinión de Federico Schiller. Pienso que cultivar la sensibilidad estética hace que se cultiven, al mismo tiempo, otros valores relacionados con la sensibilidad “moral”, como la tolerancia o el respeto.
El aprecio por lo “bueno” es propio de los seres dotados de razón. El afán de belleza no parece responder a ninguna necesidad concreta ni sensorial ni racional. Nosotros llamamos ·bello” a lo que consideramos que tiene derecho y mérito suficiente en sí mismo para ser considerado así por todo el mundo, mientras que no exijamos tanto al proclamar otro tipo de gusto. La función de la belleza, tanto si proviene de la admiración de la naturaleza como de la creación artística, es puramente emancipadora: sirve para revelar al hombre lo abierto y aun lo terrible de su libertad. Decimos que alguien es “creador” cuando fabrica algo que sin él nunca hubiera llegado a ser, el que trae algo al mundo, que sin él nunca podría haber existido. Precisamente de ese modo y no de otro más o menos parecido. Los “creadores” están asociados a las ideas de la belleza. 
Santayana, sostiene que los valores estéticos, nunca pueden ser separados del resto de los valores vitales humanos. Según este autor, los bueno y los bello, están íntimamente ligados, ya que sostiene que lo que encontramos bueno, lo encontramos bello. Para Santayana, es posible valorar y desconfiar de la belleza producida por los artistas, y dice que los griegos desconfiaban de las grandes obras de arte.
Platón, sostenía que los artistas de su ciudad tenían que ser desterrados porque éstos tenían una gran capacidad de seducción y “fuerza”. Esto de fuerza quiere decir que son capaces de producir placer y dolor, y si son capaces de producir placer quiere decir que son dueños parcialmente de la educación ciudadana. Los artistas no le parecen a Platón candidatos idóneos a educadores. Y dentro de los artistas más peligrosos, Platón incluiría a los dramaturgos, porque no hay nada que produzca tanta seducción como las representaciones que estos hacían. Cuando este autor habla de artistas buenos se refiere a los artistas populares porque son aquellos que despiertan emociones sanas y sus manifestaciones son colectivas, a diferencia de los buenos artistas en los que prima la subjetividad, lo personal.
Según este autor, hay una gran diferencia entre el arte y la filosofía. En el arte predomina ante todo la personalidad hechicera del artista, mientras que la filosofía aspira a la realidad impersonal. Los artistas consiguen gracias a su capacidad seductora objetivar universalmente su mera subjetividad; mientras que la tarea del filósofo es apropiarse subjetivamente por medio del conocimiento de la universalidad objetiva.
Para Schiller, la belleza estética es imprescindible en la formación tanto moral como intelectual del ciudadano. El juego y el arte se relacionan, porque según este autor, los niños no hacen más que aprender para después, al ser adultos poder jugar. Esto está muy relacionado con una frase que dice: “sólo juega el hombre cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es plenamente hombre cuando juega”. Llama “creadores” a los artistas y no a los científicos porque sostiene que el científico o descubridor no creó ni descubrió por sí mismo nada, tarde o temprano alguien lo iba a hacer, en cambio la creación de un artista es todo producto de su imaginación.
No es obligación del artista pintar algo “bello”, sino que pueden representar la fealdad con sus obras, esto no es mal visto, ya que luego se define a la belleza como “lo bello no gusta ni disgusta solo nos detiene”. No es feo o malo representar algo feo o malo ya que no es obligatorio representar lo bonito, es posible representar la fealdad y la maldad.
El arte moderno y contemporáneo parece haber abandonado el concepto tradicional de belleza pero no, solo no la ofrecen fácilmente ni de forma gratuita ni accesible. Stendhal dijo que “la belleza es una promesa de felicidad” esto quiere decir que a través de algo bello, el hombre descubre y aspira a lo que podría ser la plenitud.
El poeta Rainer Maria Rilke opinaba que “la belleza es aquel grado de lo terrible que aún podemos soportar”. Alain, un pensador contemporáneo señala que “lo bello no gusta ni disgusta sino que nos detiene”. Según este criterio, es realmente hermoso todo aquello en lo que no hay más remedio que fijarse. Otro pensador actual, Theodor W. Adorno dice que “el logro estético podría definirse como la capacidad de producir algún tipo de escalofrío”. Nos estremece lo que no nos permite pasar de largo: la evidencia de lo real, deslumbrante y atroz.
El arte moderno nos abruma con distorsiones del sonido y de la forma. Sin embargo, también a través de él podemos sentir el estremecimiento conmovedor de la belleza.

No hay comentarios: