El escalofrío de
la belleza
Platón nos menciona que estamos sometidos a dos
“maestros” exigentes los cuales son el placer y el dolor pero acaso ¿estos
“maestros” nos enseñan a vivir y sobrevivir?
Sinceramente y desde mi particular punto de vista creó
que es así ya que siempre estamos sometidos – y no físicamente hablando – a los
placeres y a los dolores.
El placer - hablando físicamente - puede ser una sensación
agradable, a través de los sentidos, pero también podemos obtener ese bienestar
mediante todo aquello que sentimos como aprobación. Los placeres de la
sensación y de necesidades físicas, pero esos placeres y los que más gozamos
los humanos son de aquellos que están dominados por la razón ya que al
realizarnos.
Además de los evidentes placeres de la sensación y de la
satisfacción de necesidades físicas, ¿hay también placeres de la razón?
También existen placeres denominados de la razón, estos nos causan placer al realizar una acción generosa, valiente, etc.
También existen placeres denominados de la razón, estos nos causan placer al realizar una acción generosa, valiente, etc.
Podríamos decir que además de sensaciones agradables, como es
demostrado en los placeres de la razón, lo “bueno” también nos causa placer.
La belleza es una satisfacción sensorial, pero también
interviene la razón. Se diferencia de otros placeres ya que, como se afirma
anteriormente, está relacionada con los sentidos y con la razón al mismo
tiempo.
La belleza es placentera aunque no sea útil o “buena”. Lo
bueno, también es reconfortante, ya que hacer algo bueno, nos produce un
sentimiento de placer.
Es curiosa la
declaración de Kant, que supone algo “bello” cuando consideramos que tiene
derecho y mérito suficiente en sí mismo para ser considerado así por todo el
mundo, aun cuando sabemos que el concepto de belleza es terriblemente
subjetivo.
También es
interesante, y la comparto, la opinión de Federico Schiller. Pienso que
cultivar la sensibilidad estética hace que se cultiven, al mismo tiempo, otros
valores relacionados con la sensibilidad “moral”, como la tolerancia o el
respeto.
El
aprecio por lo “bueno” es propio de los seres dotados de razón. El afán de
belleza no parece responder a ninguna necesidad concreta ni sensorial ni
racional. Nosotros llamamos ·bello” a lo que consideramos que tiene derecho y
mérito suficiente en sí mismo para ser considerado así por todo el mundo,
mientras que no exijamos tanto al proclamar otro tipo de gusto. La función de
la belleza, tanto si proviene de la admiración de la naturaleza como de la
creación artística, es puramente emancipadora: sirve para revelar al hombre lo
abierto y aun lo terrible de su libertad. Decimos que alguien es “creador”
cuando fabrica algo que sin él nunca hubiera llegado a ser, el que trae algo al
mundo, que sin él nunca podría haber existido. Precisamente de ese modo y no de
otro más o menos parecido. Los “creadores” están asociados a las ideas de la
belleza.
Santayana,
sostiene que los valores estéticos, nunca pueden ser separados del resto de los
valores vitales humanos. Según este autor, los bueno y los bello, están
íntimamente ligados, ya que sostiene que lo que encontramos bueno, lo
encontramos bello. Para Santayana, es posible valorar y desconfiar de la
belleza producida por los artistas, y dice que los griegos desconfiaban de las
grandes obras de arte.
Platón,
sostenía que los artistas de su ciudad tenían que ser desterrados porque éstos
tenían una gran capacidad de seducción y “fuerza”. Esto de fuerza quiere decir
que son capaces de producir placer y dolor, y si son capaces de producir placer
quiere decir que son dueños parcialmente de la educación ciudadana. Los
artistas no le parecen a Platón candidatos idóneos a educadores. Y dentro de
los artistas más peligrosos, Platón incluiría a los dramaturgos, porque no hay
nada que produzca tanta seducción como las representaciones que estos hacían.
Cuando este autor habla de artistas buenos se refiere a los artistas populares
porque son aquellos que despiertan emociones sanas y sus manifestaciones son
colectivas, a diferencia de los buenos artistas en los que prima la
subjetividad, lo personal.
Según
este autor, hay una gran diferencia entre el arte y la filosofía. En el arte
predomina ante todo la personalidad hechicera del artista, mientras que la
filosofía aspira a la realidad impersonal. Los artistas consiguen gracias a su
capacidad seductora objetivar universalmente su mera subjetividad; mientras que
la tarea del filósofo es apropiarse subjetivamente por medio del conocimiento
de la universalidad objetiva.
Para
Schiller, la belleza estética es imprescindible en la formación tanto moral
como intelectual del ciudadano. El juego y el arte se relacionan, porque según
este autor, los niños no hacen más que aprender para después, al ser adultos
poder jugar. Esto está muy relacionado con una frase que dice: “sólo juega el
hombre cuando es hombre en el pleno sentido de la palabra, y sólo es plenamente
hombre cuando juega”. Llama “creadores” a los artistas y no a los científicos
porque sostiene que el científico o descubridor no creó ni descubrió por sí
mismo nada, tarde o temprano alguien lo iba a hacer, en cambio la creación de
un artista es todo producto de su imaginación.
No
es obligación del artista pintar algo “bello”, sino que pueden representar la
fealdad con sus obras, esto no es mal visto, ya que luego se define a la
belleza como “lo bello no gusta ni disgusta solo nos detiene”. No es feo o malo
representar algo feo o malo ya que no es obligatorio representar lo bonito, es
posible representar la fealdad y la maldad.
El
arte moderno y contemporáneo parece haber abandonado el concepto tradicional de
belleza pero no, solo no la ofrecen fácilmente ni de forma gratuita ni
accesible. Stendhal dijo que “la belleza es una promesa de felicidad” esto
quiere decir que a través de algo bello, el hombre descubre y aspira a lo que
podría ser la plenitud.
El
poeta Rainer Maria Rilke opinaba que “la belleza es aquel grado de lo terrible
que aún podemos soportar”. Alain, un pensador contemporáneo señala que “lo
bello no gusta ni disgusta sino que nos detiene”. Según este criterio, es
realmente hermoso todo aquello en lo que no hay más remedio que fijarse. Otro
pensador actual, Theodor W. Adorno dice que “el logro estético podría definirse
como la capacidad de producir algún tipo de escalofrío”. Nos estremece lo que
no nos permite pasar de largo: la evidencia de lo real, deslumbrante y atroz.
El arte moderno nos
abruma con distorsiones del sonido y de la forma. Sin embargo, también a través
de él podemos sentir el estremecimiento conmovedor de la belleza.
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